jueves, 4 de octubre de 2018

Parásitos astrales: Demonios, Pesadillas y otras entidades negativas

Hay muchos tipos de entes pululando por los bajos astrales. Aunque yo aquí los represente con imágenes o formas que se asemejan a seres fantásticos; tenéis que tener en cuenta que son, ante todo, seres energéticos. Es decir, compuestos de energía, en esta caso de energía de baja vibración.
Éstos son sólo algunos de ellos, concretamente aquellos con los que he tenido que lidiar alguna vez o sobre los que me he documentado. Pero seguro que si leéis e indagáis encontraréis más, o clasificaciones muy diferentes. No hay nada preestablecidos sobre los mundos astrales, porque cada uno de nosotros los percibe de una manera diferente, aunque yo he intentado coger las imágenes o representaciones más comunes que se han compartido en internet.

¿Qué es un egrégora o "golem"?

¿Conoces la sensación de entrar en un lugar y, sin motivo aparente, notar algo extraño en el aire que te hace sentir incómodo, irritado o deprimido? ¿O de visitar un lugar en el que viviste algo doloroso, y volver a sentir esa misma ansiedad al pasar por el mismo sitio tiempo más tarde? ¿Alguna vez has empezado a sentir dolor de cabeza o un repentino cansancio al entrar en un hogar donde hay problemas familiares? ¿O tus mascotas se han negado a cruzar el umbral de una casa vieja o un lugar abandonado? Esas sensaciones son síntoma de que la energía ambiental ha bajado drásticamente su vibración. Y allí donde se manifiestan vibraciones bajas, es porque hay egrégoras.

Los egrégoras son cúmulos de energía propios de la Umbra que adoptan suficiente potencia vibratoria como para empezar a manifestarse en el plano físico y seguir un patrón de conducta determinado. Su génesis está en nosotros mismos, los seres pensantes que a menudo emitimos energías negativas o de baja vibración (por ejemplo, cuando nos deprimimos por la muerte de un ser querido, o nos enfadamos con alguien, o nos consume la envidia, etc...), que inevitablemente dejan "rastros" residuales en el aire o en el ambiente en el que normalmente vivimos, trabajamos, dormimos, etc...

Normalmente las energías de nuestras emociones positivas neutralizan de manera natural estos restos o residuos ambientales de baja vibración. Pero hay ocasiones en las que pasamos una mala racha o vivimos una situación familiar, profesional o personal dolorosa o desagradable durante un tiempo prolongado. Esta sensación de "no levantar cabeza" durante mucho tiempo (normalmente años) alimenta los cúmulos residuales negativos hasta que éstos desarrollan una especie de voluntad propia.
Digo "especie", porque en realidad no pueden pensar ni planear nada, ya que no poseen una inteligencia desarrollada. Los egrégoras actúan según un patrón conductual concreto, que les induce a contaminar la vibración del ambiente (y por ende la nuestra) con los mismos sentimientos de los que están compuestos: miedo, odio, tristeza, frustración... Aunque pueden estar compuestos de más de un tipo de negatividad, no pueden actuar de otra manera que no sea la dictada por dichos patrones. Así, los egrégoras formados por rastros de tristeza o depresión tenderán a contaminarnos con pensamientos deprimentes; los que contengan ira tenderán a volver a la gente irritable cuando se encuentren dentro del área contaminada, etc...

Estos entes reciben su nombre del término egregor, que significa "mente colectiva", o en este caso, "entidad colectiva". Es decir, que nace y se alimenta de nuestra desgracia y de las de aquellos que conviven con nosotros. Rara vez un egregor es el resultado de la "basura energética" de una sola persona; lo más habitual es que se formen allí donde haya una mala atmósfera corroborada por más gente (por ejemplo, una familia en proceso de divorcio).
La presencia de los egrégoras en nuestros hogares o lugares que visitamos a menudo, provoca que repitamos patrones psicológicamente tóxicos, para que caigamos fácilmente en el enfado o el desprecio hacia nosotros mismos y los demás. Su objetivo no es otro que lograr que nuestra vibración emocional baje, provocando más residuos de baja vibración que les hace crecer y les fortalece. Su única misión es esa: crecer y propagar su infección energética.

La representación que se les da, o con la que los perciben muchos videntes, es la de un cúmulo de sombras, telarañas, raíces negras, etc; que flotan o se esparcen por rincones y lugares muy concretos. A veces son pequeños y sólo ocupan un rincón; otras veces son enormes y pueden ocupar edificios enteros. Estos seres también son llamados erróneamente "gólems", debido a que a veces adoptan forma humanoide y a que cumplen un propósito concreto (esparcir las emociones y energías negativas de las que están compuestos) como si estuvieran "programados" para ello. Pero no tienen nada que ver con los gólems espirituales creados en alta magia o en brujería.
Los egrégoras no entienden órdenes, y rara vez se comunican. Nunca se adhieren a personas, ni las siguen fuera del lugar donde anidan, pues están atados al lugar donde se formaron, y sólo parasitan a quienes permanecen en dicho lugar. Pueden moverse dentro de un radio pequeño (dentro de una casa, por ejemplo, aunque su origen fuera una de sus habitaciones). No pueden ser creados, invocados o controlados por medios mágicos; aunque sí se les puede combatir con magia. También pueden surgir como un inesperado efecto colateral para quienes juegan o trabajan con los bajos astrales (usando una ouija, por ejemplo).

La mejor manera de librarse de un egrégora una vez ha anidado es hacer una limpieza a fondo del lugar, tanto a nivel físico como espiritual. No obstante, hay que entender que esto no supone un punto y final al problema. Ya que son las personas las que crean a los egrégoras con su propia negatividad, éstas deben recibir ayuda terapéutica, psicológica o consejo espiritual para cortar de raíz el problema; cambiando sus dinámicas y actitudes para evitar repetir los patrones negativos que, precisamente, han dado origen a esos egrégoras, y que seguirán creándolos en el futuro, independientemente de cuántas veces se limpie el lugar.

¿Qué son las pesadillas?

Llamo así a esos entes espirituales que pululan por la Umbra del plano astral con cierta libertad y que, además, sí poseen cierta personalidad o inteligencia creativa, en el sentido más mezquino y retorcido de la palabra. Creadas por los residuos de la mente colectiva, las pesadillas hacen honor a su nombre porque se sitúan sobre nuestras cabezas e infectan nuestro tercer  ojo mientras dormimos y provocan precisamente eso: malos sueños, pesadillas, terrores nocturnos o pensamientos intrusivos/obsesivos que nos impiden dormir o que turban nuestros ciclos de sueño. Incluso algunas personas llegan a sufrir terrores nocturnos por culpa de estos entes.
Su objetivo es el del cualquier ente del bajo astral: alimentarse de nuestra vibración cuando ésta se encuentra en el punto más bajo. Pero a diferencia de los egrégoras, las pesadillas utilizan nuestro subconsciente y nos atacan cuando más indefensos estamos y cuando precisamente nuestro subconsciente está más al descubierto. Es decir: cuando soñamos.

Seguramente habréis leído o escuchado (o puede que os haya pasado) sobre las famosas "parálisis del sueño" o "alucinaciones hipnagóguicas"; en las que se describe cómo al dormir o al despertar las personas sienten su cuerpo paralizado y empiezan a ver cosas verdaderamente aterradoras. Esto sucede porque, hablando de forma muy simplista, nuestro cerebro sólo se despierta parcialmente, es decir, que nuestra mente despierta antes qje nuestro cuerpo y entre en un estado de semiconsciencia en el que podemos percibir a estos seres durante unos segundos o minutos (los cuales para el paralizado pueden hacerse agónicamente largos). Normalmente, en cuanto nuestra conciencia toma el control, las pesadillas se desvanecen, ya que no tienen fuerza suficiente ni potencia vibratoria como para manipularnos cuando nuestro estado vibratorio aumenta.


Entes como los khalusaris, los íncubos y las súcubos, el famoso "coco" (boogey man) que suelen ver los niños, y en general cualquier "monstruo" o presencia que nos visita a la hora de dormir; pertenecen al grupo de las pesadillas. De hecho, normalmente prefieren alimentarse de los niños porque, al tener éstos el tercer ojo más receptivo que los adultos, son más fáciles de parasitar.
Al contrario que los egrégoras, que tienen un patrón energético relativamente fijo; las pesadillas pueden adoptar múltiples formas y representaciones cuando las visualizamos o cuando se nos presentan. De hecho, lo usual es que adopten formas que nos aterren, angustien o nos provoquen ansiedad, ya que la emoción de la que se alimentan es, sobre todo, el miedo.
No obstante, la mitología ha representado siempre a estos entes como caballos sombríos o siniestros, a veces envueltos totalmente en llamas.

La mejor manera de evitar las pesadillas es usando trampas astrales, como el cazasueños.

¿Qué es una larva astral?

Aunque se las llaman "larvas", creo que el término más acertado es "garrapata astral". Estos entes espirituales de baja vibración son el resultado de los hechizos y rituales malintencionados, que buscan deliberadamente maldecir a otra persona, trayéndole algún tipo de desgracia o infelicidad (lo que se conoce como "magia negra"). Los males de ojo, carbuncos y maldiciones se transforman en la Umbra en esta especie de entes parasitarios; y buscan a sus víctimas para adherirse a ellas y empezar a drenarles o vampirizarles energéticamente. Hay quienes no le dan ninguna forma en absoluto y que piensan que sólo son corrientes energéticas, y algunos médiums las han descrito como seres similares a sanguijuelas, gusanos, larvas o insectos. Otros, como raíces o flujos energéticos "aceitosos".

El objetivo de las larvas astrales es debilitar a su huésped, el cual empieza a denotar cansancio, atascos energéticos, agotamiento psicológico; así como un empeoramiento paulatino de la salud física. Hablando de forma simple: las larvas astrales nos usan para "reproducirse", dejando una parte de su vibración en nosotros para que, en caso de ser limpiadas o destruidas de nuestro campo energético; esta especie de "huevos" eclosionen, dando lugar a nuevas larvas y repitiendo el ciclo.

Son fáciles de detectar en el aura, ya que son fáciles de ver en nuestro cuerpo áurico, o anidando en nuestros chakras. Pero no es tan sencillo limpiarlas, ya que normalmente juegan con los deseos e instintos de la persona, volviéndola tendente a diversos vicios o provocándole trastornos de personalidad bastante evidentes.
La presencia de larvas astrales suele detectarse cuando se pasan épocas de estrés o se sufren crisis de ansiedad con relativa frecuencia, y sentimos que las cosas nunca nos salen bien, o que tendemos a perderlo o romperlo todo por culpa de una extraña torpeza repentina. También nos volvemos propensos a los accidentes o porque notamos que los insectos nos siguen a todas partes. Esto pasa porque nuestro circuito energético empieza a verse realentizado u obstruido por las larvas, por lo que es necesaria una limpieza a fondo, así como una rearmonización de todos nuestros chakras.

¿Que es un espectro o rastro espectral?

Los espectros son "copias" o "sombras" energéticas de espíritus difuntos, cuya resonancia ha quedado ligada a un lugar, objeto o persona (denominado "ancla") del plano material. Este anclaje puede darse bien por el efecto de una maldición o ritual, bien porque los vivos "no dejan marchar" al difunto a nivel energético o emocional. Esa añoranza depresiva provocada por el sentimiento de pérdida a menudo crea esa especie de "clon" fantasmagórico que "parece" ser el alma del difunto; pero no lo es.

Los espectros sin duda pueden transmitir sensaciones que nos parecen familiares: olores, sabores, susurros... De algún modo percibimos que "están ahí". Incluso podemos reconocer patrones de comportamiento propios del alma original (por ejemplo, sentarse siempre en su sofá favorito). Pero son sólo copias residuales de esa persona, que se han creado gracias a los residuos energéticos que dicha persona dejó en el lugar donde vivía, o que aún perduran en el corazón de quienes no logran pasar página.

Pueden no parecer agresivos, pero pueden llegar a ser verdaderamente dañinos para quienes conviven con ellos. Los espectros se alimentan precisamente de la sensación de pérdida, y dificultan que los vivos pasen adecuadamente el duelo para poder continuar con sus vidas. Muchos casos de depresión post-pérdida se dan porque estas personas se han convertido en el ancla de un espectro.

Los espectros no pueden alejarse de su ancla, bien sea un lugar, objeto o persona. Pueden mostrarse energéticamente agresivos con alguien al que despreciaran o detestaran en vida (esta persona se sentirá incómoda o ansiosa cuando esté cerca del ancla), o con quienes intenten ayudar a los seres queridos a superar la pérdida. La mejor manera de deshacerse de un espectro, es purificar el ancla, o incluso deshacerse de ella. Cuando se trata de una persona, es necesaria terapia psicológica y apoyo espiritual, para cortar su vínculo con el espectro y hacerle entender que el difunto desea su felicidad y bienestar; no su desdicha; cosa que sí desea el espectro. Así podemos lograr que desaparezca, al verse desprovisto de aquello que lo ataba a nuestro plano.

¿Qué es un demonio?

A mí personalmente no me gusta usar mucho el término "demonio" o "ángel caído", porque tiene mucha connotación judeo-cristiana, y además está MUY distorsionado no sólo por la mitología judaica, sino también gracias a las versiones que Hollywood nos ha dado con películas como El ExorcistaParanormal Activity, Expediente Warren o Insidius. Eso, sin contar la imagen estereotipada del macho cabrío o del Satanás cornudo que vive en un Infierno de lava, huesos y llamas. Sin duda es una imagen muy llamativa dentro de la ficción y la fantasía. Pero energéticamente, los demonios son algo muy diferente.

Por eso, yo prefiero llamarlos "daimon", que creo que el término griego original (δαίμων o daimôn), que proviene del verbo δαίομαι o "daíomai", que significa literalmente "dividir". Eso es, precisamente, lo que los daimons hacen con las personas: dividirlas, romperlas y destruirlas.
Sobre su origen, hay muchísimas versiones: desde la caída de "ángeles" desde el cielo al infierno (en términos energéticos, serían frecuencias de alta vibración que, en algún punto, se desarmonizaron del plano elestial, y por ende su frecuencia descendió tanto que estas energías no pudieron mantenerse en ese plano y se vieron arrastradas al Seol, donde pueden vibrar de manera más estable); hasta versiones en las que son almas humanas "corrompidas", cuya vibración ha bajado tanto que ya no pueden ni reencarnarse, y por ende se transformar en otra cosa. Hay muchas versiones, todas muy interesantes, pero creo que eso lo voy a dejar a criterio de cada uno y de sus creencias.

Los daimon son los entes del Seol, uno de los estratos con la vibración más baja dentro del propio bajo astral; y por ende, ellos también poseen la vibración más baja que haya percibido. Si tuviera que describir cómo se siente su presencia, diría que no es exactamente "mala" u "oscura" o "diabólica". Más bien, es excesivamente neutra. Es como entrar en una cámara de aislamiento acústico en el que no oyéramos nada más que nuestra propia respiración, nuestro corazón y nuestros sonidos orgánicos, sin ningún otro sonido de sala. Es bastante opresivo, en realidad. Aunque no puedas verlo, no es un estado natural, no es algo para lo que tu oído esté hecho ni que tu cerebro pueda soportar durante más de unos minutos, porque ese te resulta instintivamente agobiante y desquiciante.
La presencia de los daimons es similar a esa sensación. No es que notes algo turbio o retorcido, como pasa con otras entidades. Más bien se trata de que, al querer ocultarse TANTO de la percepción humana, rebajan TANTO su vibración que su percepción, más que ser el hecho de "notar algo" se parece a una "ausencia de percepción" (que no es lo mismo que no notar nada), lo que nos resulta incómodo y extraño, ya que no estamos acostumbrados a percibir energías con longitudes de onda tan grandes y densas. Es como entrar en una cámara de aislamiento acústico en el que no oyéramos nada más que nuestra propia respiración, nuestro corazón y nuestros sonidos orgánicos, sin ningún otro sonido de sala. Es bastante opresivo, en realidad.

Olvidad esa imagen de demonio, propia de la fantasía, de un macho cabrío con alas y un pentáculo invertido en la frente o de un ser monstruoso hecho de fuego y sombras. Olvidaos de Satanás, Leviatán, Asmodeo, Astaroth y todos esos nombres reconvertidos por los judíos No hay modo alguno en que podamos adivinar la forma de un daimon. Como los "ángeles", los daimons son pura energía, pero con una longitud de onda tan baja que ni siquiera pueden adoptar una forma concreta. En su informidad, hay quienes incluso asegurarían que son hermosos o magnéticos, como si en su energía hubiera algo atrayente que no se puede describir.

Si entes como los egrégoras o las pesadillas son parásitos o infecciones astrales; los daimons son retrovirus. Es decir, lo que hacen es infiltrarse en la vibración de otros entes o espíritus, y actuar desde las sombras, moviendo los hilos sin que su huésped se de cuenta. Algunos daimons saben camuflarse tan bien que pueden acompañar a un alma incluso a través de varias vidas sin que ésta se de cuenta de su infección.
Igualmente su presencia puede permanecer latente durante años o varias reencarnaciones, hasta que finalmente se manifiestan, sutiles y silenciosos, manipulándonos desde lo más profundo de nosotros mismos, sin que seamos conscientes de que estamos poseídos por ellos.

Los daimons nos desean por encima de todo, ya que nos necesitan para poder manifestarse, dependen de nosotros, ya que sin otro alma no pueden lograr sus propósitos: recrear energías de baja vibración, atraer la desgracia, la desdicha, el odio, la tristeza... O a las personas desdichadas, desgraciadas, tristes, etc; para atarlas a él y vampirizarlas energéticamente. Son como imanes para todo lo negativo. Por ello, las personas poseídas por un daimon no son como los posesos histéricos de las películas. En realidad tienden a ser gente con auras magnéticas (algunos videntes aseguran ver venas o manchas negras en sus auras), que por algún motivo nos resultan inquietantes o atrayentes. Suelen ser personas con mucho magnetismo, ya sea físico o social, con mucha capacidad de convicción y dotes para hablar. Nadie sabe como lo hacen, pero consiguen atraer toda la atención sobre sí mismos sin apenas esfuerzo, y sin que nadie se percate. Realmente despiertan nuestro interés, aunque quizá no sean el tipo de personas que nos caigan bien. Tienen ese "algo" extraño que nos hace desear más, al mismo tiempo que nos hace sentir extrañamente bien por complacer sus deseos o caprichos, aunque no lo haya dicho directamente.

Sigo diciendo que las películas y la literatura actual no es muy fiable, pero sí es cierto que los auténticos Warren explicaron muy bien en su día cuáles son las fases de actuación de estas entidades. Y también distinguieron un punto muy importante sobre estos entes: los daimons infectan personas, no lugares ni objetos. Por ello da igual dónde vayamos o cuántas veces nos mudemos: si somos el blanco de un daimon, éste nos perseguirá a donde vayamos.

  • La fase de manifestación es aquella en la que el daimon logra alcanzar el plano terrenal. Dada su baja vibración, no pueden llegar por sí mismos a nuestro plano. Pero a través de algunos rituales, hechizos o de herramientas de comunicación/predicción (como la "ouija"); los daimons pueden encontrar una "puerta" hasta el plano más cercano al terrenal: la Umbra; desde la cual si pueden manifestarse. A veces aparecen por invocación directa, o a veces "se cuelan" en rituales que manipulen energías del Bajo Astral. En esta fase, el daimon elige a una víctima (generalmente a alguien energéticamente débil o tendente a caer repetidamente en estados vibratorios bajos, que se encuentre desprotegido a nivel astral), e implanta una marca energética invisible en ella para seguirla y rondarla allá donde vaya.
  • La fase de infestación se da cuando el daimon empieza a hacer resonar su vibración y a atraer a los otros entes de baja vibración que pululan por la Umbra. Por ello, lo normal es que su víctima se vea rápidamente avasallada por pesadillas, o que su hogar se plague de egrégoras que comienzan a crear un mal ambiente general que facilite que el estado emocional de su víctima vaya decayendo paulatinamente.
  • La fase de opresión, en esta fase es en la que se dan los fenómenos poltergeist (de haberlos, que no siempre ocurren), y tanto la víctima del daimon como los que conviven con ella empiezan a darse cuenta de que hay "algo raro": cosas que se mueven de sitio, electrodomésticos que se encienden o se averían si motivo, casualidades funestas o siniestras, sonidos extraños, psicofonías, manifestaciones de entes en la oscuridad (suelen verse bien en los espejos), etc... En este punto, el daimon manipula a los otros entes, como egrégoras o pesadillas (o incluso a espíritus difuntos) para que el miedo y la desconfianza se instauren en la vida de su víctima, llevándola a aislarse y a renegar de cualquier ayuda; de manera que nadie interfiera o impida que de comienzo la última fase.
  • La fase de posesión llega cuando el estado vibratorio de la víctima es realmente bajo. En este punto, es probable que la víctima no sólo sea víctima de algún desequilibrio psicológico grave o un trastorno mental; sino de un estado de salud delicado o extremadamente malo, bien sea por abandono o enfermedad. Muchas personas víctimas de los daimons cometen suicidio o desarrollan enfermedades mentales graves, entre otras situaciones autodestructivas. La mayoría no lo saben, pero en este punto, han sido "poseídas". Esto no quiere decir que su personalidad cambie ni que sus cuerpos empiecen a levitar mientras hablan con voces guturales. No, las posesiones son muchísimo más sutiles, ya que en este punto, los daimons han logrado establecerse en un cuerpo físico o "vasija" (el de su víctima) y han asimilado su vibración como propia.
  • La fase de asimilación es aquella en la que el poseído logra recuperarse "milagrosamente" después de un periodo de tiempo. Es posible que, en este punto, la persona pueda seguir haciendo vida normal hasta su muerte y que el daimon se mimetice con su vibración. No obstante, una vez el daimon ha dejado su rastro energético en el alma, la seguirá incluso a través de sucesivas vidas. Hasta que, en una de ellas, empiece a manifestarse como lo que es: alguien que buscará el reconocimiento social, que querrá demostrar su poder y someter a los demás, bien sea por la fuerza, bien sea a través de dulces promesas, para así seguir alimentando al ente que, en secreto, habita en su interior. En términos muy generales, los poseídos por daimons tienden a buscar reconocimiento en los demás, y se rodean de fieles seguidores, aprendices o adeptos tendentes al fanatismo para así inflar su ego espiritual, que es de lo que se alimentan Para ellos sus seguidores son ganado energético: disfrutan provocando en ellos diversas sensaciones negativas (terror, miedo, ira, furia, más ego...) para ir alimentándose; lo cual no tiene por qué implicar que les trate mal o los desprecie: todo lo contrario, intentarán a toda costa cuidar y tratar con benevolencia a sus "elegidos" para que no lo abandonen. Debido a dicho egocentrismo, también resultan ser agresivos o muy destructivos contra aquellos que osen llevarles la contraria, desacreditarlos o (y sobre todo) desvelar que la verdadera identidad espiritual del susodicho es un daimon.
Los daimons son retorcidos, hasta un punto que no podemos entender ni preveer. Aprovechan cualquier resquicio en nuestras defensas, cualquier grieta en nuestra convicción para colarse silenciosamente en nuestra vida, nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Incluso aquellos y aquellos magos y brujas que se piensan que pueden hacer "magia negra" y jugar con los daimons como si éstos fueran sus perros de caza, acaban pagando un alto precio por jugar con este tipo de vibraciones. No se puede negociar con los daimons, no se pueden controlar ni se pueden manipular; como no se puede negociar con un virus para que no te infecte a ti e infecte a otros, ya que su misión es colonizar todo lo que se encuentra en su camino. No hay nada que puedas ofrecerle a cambio. No hay nada que quieran: sólo la energía, tanto de aquellos a los que se quiere amargar como la de aquel que realizar la invocación del daimon.
Claro que ellos saben perfectamente cómo hacernos pensar que nosotros tenemos el control para que los invoquemos y le abramos la puerta, ya que de lo contrario, no caeríamos en el error de pensar que podemos sacarlos del Seol para utilizarlos sin que haya consecuencias. ¿Verdad? Si lo pensamos con lógica, para un daimon el poseer a un entendido o entendida en la magia de los bajos astrales es un verdadero "chollo", porque así puede utilizarlo para crear desgracia, o incluso para abrirles las puertas a otros daimons del Seol.

No hay limpieza que pueda con un daimon. De hecho, destruirlos es imposible: tienen que existir, como parte del bajo astral. No obstante, sí se les puede enviar de vuelta al Seol para finalizar una posesión. Sin embargo, ésto no se consigue con una limpieza: es necesario un exorcismo. Y no, no del tipo que dan los curas de las películas. Pero de eso ya hablaremos otro día.

No juguéis con los entes bajos astrales, sean del tipo que sean. Es el mejor y único consejo que os puedo dar.


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